El fraude homeopático

Por J. de C.

 

A pesar de que probablemente sea la pseudociencia más extendida, hasta hace unos meses no tenía ni idea de lo que era la homeopatía. Si me hubiesen preguntado, seguramente mi respuesta habría sido una vaga mención a la medicina herbal, los remedios naturales o cualquier cosa por el estilo. Nada de eso se acerca a la realidad. Descubrí de que se trataba viendo este documental de EITB, que les recomiendo.

homeopatia

Viñeta de Paul Strøyer, 1949.

 

Lo primero que me llama la atención sobre este tema es que mucha gente se traga cualquier cosa sin dedicar un mínimo tiempo a informarse sobre lo que están tomando. Por lo visto no sienten la necesidad (o la simple curiosidad) de intentar saber cómo es que una sustancia logra efectuar un cambio en su cuerpo o en su mente. Lo cierto es que esta es la explicación más sencilla del fenómeno, pues de otra forma el número de consumidores de estos productos sería mucho más reducido (al fin y al cabo, no hay tanto idiota suelto).

 

Visto lo visto, aquí va una explicación lo más breve posible de este método de curación: la palabra homeopatía proviene de griego homoios (similar) y pathos (enfermedad) y se basa en la antigua creencia de que lo semejante se cura por lo semejante, o que una sustancia capaz de causar un determinado efecto es también capaz de causar el opuesto. En este caso, se trata en primer lugar de diluir en agua el principio activo hasta que no quede ni una molécula y posteriormente agitarlo todo para maximizar la eficacia. Dicho así puede parecer una estupidez king size (y de hecho lo es), pero los homeópatas afirman que el agua tiene una capacidad de memoria y es capaz de reflejar las propiedades del principio activo. Por ejemplo, un remedio homeopático para el insomnio estaría formulado a partir de cafeína o cualquier otro estimulante diluído sucesivamente en agua hasta conseguir una sustancia con una concentración absurdamente baja, pero que supuestamente tiene una efectividad proporcionalmente inversa. Ni que decir tiene que ningún estudio serio ha sido capaz de demostrar verdadera eficacia de ningún producto homeopático, más allá del efecto placebo.

 

 

Si bien es cierto que la homeopatía es inocua (no produce ningún efecto sobre el organismo), siempre tiene consecuencias perjudiciales,  aunque sólo sea porque se pierde la oportunidad de comenzar el tratamiento en un estado inicial, cuando éste resulta más efectivo. Hay casos especialmente sangrantes, como el este niño que murió a causa de una neumonía que no fue tratada.

 

No puedo dejar de preguntarme por qué ninguna Administración pública ha tomado cartas en el asunto. Más bien al contrario, el uso de la homeopatía está aceptado como terapia por los sistemas de salud de algunos países europeos como Francia o Alemania. En España el Ministerio de Sanidad, que dirige la organizadora de fiestas de cumpleaños Ana Mato, ya ha aprobado una nueva normativa que permite definitivamente su comercialización y ahorra a los laboratorios el farragoso trámite de probar su efectividad, claro está.

 

La homeopatía genera pingües beneficios cada año, pues el margen de beneficio de vender agua con edulcorante a precio de medicamento, sin necesidad de invertir en investigación, es alto; y la idea de que la salud pública requiere una protección casi omnímoda por parte del Estado retrocede cuando entra en escena el negocio de los homeópatas. Si el estamento académico se entrega a las prebendas de los laboratorios, deseosos encubrir sus productos bajo la apariencia de respetabilidad científica, la actitud del estamento político indica que ambos siguen el mismo camino. ¿Cómo es que Estados que se preocupan tanto por cuidar de sus desvalidos súbditos no reaccionan ante semejante fraude? ¿Por qué tras tanto afán en extender la receta médica y el “consulte a su farmacéutico” y en extinguir la automedicación se permite  que el personal facultativo nos time sin piedad a los ciudadanos? Es más, ¿No se nos debería advertir en los paquetes de homeopatía con letras bien grandes de que no es efectiva para tratar ni prevenir ningún tipo de enfermedad?

 

Está claro que no tengo las respuestas a estas preguntas, pero se me hace difícil creer que detrás de la actitud en este tema de nuestros queridos Estados paternalistas haya algún rastro de inocencia o simple chapuza. Más bien sospecho que una vez más se están protegiendo interesadamente los negocios de unos pocos en contra del interés de la mayoría. Nada nuevo bajo el sol, estamos hartos de ver cómo ciudadanos desinformados e ignorantes (en cierta medida por propio deseo) son utilizados por empresarios deshonestos y políticos irresponsables para mantener sus negocios (obtener rentas sin generar beneficios al consumidor, el de los primeros; impedir resolver problemas aparentando que los resuelven, el de los segundos).

 

 

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