Arístides y la democracia

Por Jose A. B.

En los tiempos de la Grecia clásica en plenas guerras médicas, en las que tan famoso se hizo el espartano Leónidas gracias a su versión cinematográfica, vivía en Atenas un hombre de Estado llamado Arístides. Era el tiempo de la eclosión de la democracia en Atenas y, aunque un poco receloso en un principio debido a su pertenencia a la nobleza, Arístides acabó aceptándola. A su vez, se hizo famoso por su absoluta honestidad e integridad, ganándose el sobrenombre de “el Justo”. Pero corrían tiempos difíciles para la cuna de la civilización occidental y la enormidad de la Persia del rey Jerjes se cernía sobre toda la Hélade. Así pues, los atenienses pidieron consejo al oráculo de Delfos que predijo que cuando todo estuviese perdido solo las murallas de madera quedarían en pie. En este punto, los políticos de Atenas discutieron si realmente se trataba de unas murallas de madera reales efectivamente, lo cual defendía Arístides, o si el oráculo se refería a una flota de barcos, lo que Temístocles (otro político ateniense de la época) argumentaba. Por la fecha, en Atenas existía una institución curiosa llamada ostracismo que consistía en exiliar durante diez años a un ciudadano que se elegía mediante una votación. En este caso se hizo la misma acerca de aplicar el ostracismo a Arístides o a Temístocles.

aristides

ὄστρακα, piezas de terracota con el nombre de los condenados al ostracismo. En el centro, el de Arístides.

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